Es sin dudas una de las grandes olvidadas de la “movida” pero estoy segura de que ella misma, tras los trágicos acontecimientos que marcaron el final de Parálisis Permanente así lo quiso. Suena el suyo, así, a uno de esos alejamientos voluntarios que la hizo desaparecer de la primera plana del panorama musical pero sin dejar de estar ahí siempre de una forma u otra.

Eran los comienzos de los 80′ y, aunque en otros países ya se estaba haciendo música muy novedosa (Bowie, The Cure,Ramones, Siouxsie & The Banshees, etc.) en España, Miguel Bosé cosechaba su primer gran éxito con “Don Diablo”. Creo que con eso queda clara la idea que quiero transmitir.

Mientras tanto, una mujer menuda, de aspecto frágil pero desenvuelto se unía a un grupo que empezaba a revolucionar el panorama musical. “Los Pegamoides” que, junto a Alaska salen al escenario con una estética rompedora para el momento “Bailando” y causando un verdadero “Horror en el hipermercado”. A Alaska ya le dediqué un post como chica fetish que marcó mi pasión por una estética que hoy por hoy sigue en boga.

Tras esa primera experimentación musical (como el post no es de música voy a ahorraros el contar toda la evolución de Ana Curra y su formación junto a Eduardo Benavente de Parálisis Permanente) con su nuevo grupo extrema más, si cabe, su estética oscura, de cuero, cadenas, post-punk, atrevida y … fetish.

Ana no tuvo miedo al desnudo, a la provocación, a ser una “sex simbol” de los ochenta y a ir abriendo un camino que luego se ha explotado al máximo hasta quedar, finalmente, superado por la evolución de los tiempos. Pero ahí quedó eso. Y ahí sigue.

Fueron los primeros en mostrar una mujer crucificada en la portada de su EP “Quiero ser santa” cuya letra, es para leerla y hacer un análisis detallado. Estoy segura de que la conocéis de memoria y su portada, fue revolucionaria en aquel momento.

Y finalmente, llegó “El Acto”. No sabría contar a cuantos fetichista de hoy en día nos dio un vuelco el corazón a ver entre los discos aquella portada donde una pareja con un atuendo que ya quisiera yo que usaran actualmente todos los/las que van a fiestas Bdsm y una puesta en escena que también podía evocar pasiones alternativas te atraía irremediablemente a escuchar un contenido lleno no sólo de ese “Acto” que practicaban seres “Adictos a la lujuria” sino de una gran “Bacanal”, alguien que vendía su cuerpo libremente alegando que “Tengo un precio” y la que fue, sin dudas, la canción más emblemática para los que ya entonces teníamos extraños sueños:  “Quiero ser tu perro”.

Atentos por ahí, Ana Curra ha vuelto y lo ha hecho como sólo ella sabe. Con el mismo estilo, las misma fuerza, las mismas ganas y ese estilo que post-punk que nos vuelve locos a los/las fetichistas.